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El talud en Pahuatlán funciona

Aurelio Fernández Fuentes

 

En Pahuatlán, en la Sierra Norte poblana, los deslizamientos de laderas han golpeado con severidad a la población. Protección Civil y la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) determinaron la necesidad de reubicar al menos 51 viviendas; además, unos 32 puntos de las sinuosas carreteras de la región quedaron interrumpidos por derrumbes de taludes o por rupturas de puentes.

 

Las dificultades para entrar y salir de esas comunidades siguen presentes en la memoria de sus habitantes. Las lluvias intensas del 10 de octubre de 2025 afectaron con fuerza varias zonas de la Sierra Madre Oriental y otras serranías.

 

Sin embargo, durante la visita que integrantes del Centro Universitario para la Prevención de Desastres Regionales de la BUAP realizamos el 25 de junio de 2025 a ese importante centro urbano, constatamos un dato decisivo: 143 metros del frente de deslizamiento ubicado en la calle 5 de Mayo, la de mayor actividad comercial, se mantuvieron sin afectaciones significativas.

 

 

Recorrido de campo para la identificación de otros puntos de deslizamiento en la cabecera municipal de Pahuatlán / Imagen: Cupreder

 

 

 

Pauhatlán

Efectos de los deslizamientos provocados por las lluvias de octubre del 2025 / Imagen: Cupreder

 

 

    

Ese tramo corresponde a la corona de talud corregida en 2011. El hecho es relevante porque demuestra que existen soluciones técnicas para enfrentar el grave problema de los deslizamientos de laderas en regiones de México y de otros países marcadas por una orografía compleja y lluvias abundantes.

 

Ese talud estabilizador ha resistido el huracán Ingrid, en 2013; la tormenta tropical Earl, en 2016; el huracán Grace, en 2021, y otros fenómenos que no alcanzaron declaratoria de emergencia, como Franklin y Katia.

 

 

Reunión en la presidencia municipal de Pahuatlán con ciudadanos del comité de la calle 5 de Mayo y autoridades municipales. / Imagen: Cupreder

 

 

Recorrido de campo con el comité y las autoridades municipales para visualizar las condiciones físicas del talud reparado en 2011 / Imagen: Cupreder

 

 

En el recorrido comprobamos que, incluso con la falta de mantenimiento de los canales de desagüe y al azolve de los tubos que drenan el interior de la masa de tierra, y a pesar de las obras complementarias realizadas bajo la dirección de Javier García Ramírez (encargado de obras en el gobierno de Mario Marín), el cuerpo montañoso estabilizado sigue cumpliendo su función.

 

La evidencia no solo satisface: abre una ruta de esperanza.

 

El optimismo que aquí planteo contrasta con la angustia de quienes viven, una y otra vez, los daños provocados por la combinación de relieve, suelos, geología, lluvias intensas e infraestructura inadecuada. No basta repetir que “llovió como nunca”, ni invocar de manera automática el cambio climático para descargar responsabilidades en causas abstractas.

 

 

Talud Pahualtán

Recorrido de campo para la identificación de otros puntos de deslizamiento en la cabecera municipal de Pahuatlán / Imagen: Cupreder

 

 

Hay decisiones públicas que deben tomarse si queremos evitar estos desastres o, al menos, mitigar sus daños al máximo. La estabilización de taludes no debería ser una medida aislada, sino parte de un programa gubernamental serio, permanente y técnicamente sustentado.

 

El Cupreder participó de manera protagónica en la corrección de ese talud desde 2008, a petición del entonces secretario de Gobernación de Puebla, Mario Montero. No obstante, quien ejecutó las obras que hicieron posible este resultado fue el ingeniero geotécnico Enrique Santoyo Villa y su equipo.

 

 

 

El ingeniero Santoyo (segundo por la derecha), investigadores de Cupreder y pobladores de Pahuatlán en la conclusión de la obra el año 2011 / Imagen: archivo histórico del Cupreder

 

 

Cupreder había establecido contacto con este destacado técnico mexicano a raíz de los daños que provocó en Puebla el sismo del 15 de junio de 1999. De esa relación derivó su intervención en la corrección de inmuebles como el templo de La Compañía y el edificio Carolino, donde estabilizó el subsuelo del tercer patio.

 

Santoyo Villa sigue siendo, por su obra, un orgullo de la ingeniería mexicana, aunque falleció, curiosamente, un 15 de junio, pero de 2016. Sus aportaciones son muchas, pero basta recordar una: la subexcavación, técnica que ayudó a impedir el colapso de la Catedral de la Ciudad de México y que también se aplicó para corregir la peligrosa inclinación de la torre de Pisa.

 

 

Escalones, o bermas, del talud reparado de la Calle 5 de mayo en Pahuatlán de Valle, Puebla / Imagen: archivo histórico del Cupreder

 

 

Tuvimos el privilegio de conocerlo, aprender de él y ver cómo su conocimiento podía ponerse al servicio del interés público. Fue él quien realizó los trabajos de estabilización del talud en Pahuatlán, como antes lo había hecho en una carretera próxima a Zapotitlán de Méndez, en Teziutlán y en otras partes.

 

Esto no significa que Pahuatlán y otras poblaciones serranas estén libres de riesgo. Al contrario: hoy enfrentan daños graves y una alta vulnerabilidad ante fenómenos hidrometeorológicos. El problema es que las respuestas gubernamentales siguen siendo, casi siempre, de urgencia, no soluciones estructurales.

 

 

Muro gavión que sostiene la reparación de la calle 5 de Mayo / Imagen: archivo histórico del Cupreder

 

 

Las reubicaciones que hoy se plantean repiten el modelo aplicado en el país desde 1997, tras el impacto del huracán Paulina en las costas del Pacífico mexicano: construir, en los terrenos disponibles, casas diseñadas desde la Ciudad de México y ajustadas a metas burocráticas, sobre todo cuantitativas, muy del agrado de los funcionarios al cargo.

 

Esa no es la solución necesaria ni suficiente; es la expresión de una mirada centralista que no comprende a fondo los procesos de desastre.

 

Las soluciones existen. Lo que falta es voluntad política para aplicarlas antes de que el desastre vuelva a cobrar factura.

 

Artículo publicado originalmente en La Jornada de Oriente