Un ordenamiento ecológico integral, afirmaba el director del Centro Universitario para la Prevención de Desastres Regionales (CUPREDER), Aurelio Fernández Fuentes, es una forma de “democracia cotidiana” en la cual los ciudadanos, organizados en un comité plural, definen no solo los usos del suelo en beneficio de la comunidad, sino que ejercen un poder concreto como “Estado ampliado”.
Vecinos e integrantes del comité de ordenamiento de Calkiní en los foros del 4,5 y 6 de agosto del 2021 / Imagen: Italo Iván Nava Fernández
Las aportaciones de los vecinos se convierten en legislación de obligado cumplimiento por las autoridades municipales y este ejercicio de contrapesos y dualidad refuerza, cuando funciona, el poder popular en una función de acompañamiento y revisión, coordinada por los ciudadanos electos en las urnas y los ciudadanos organizados para defender el territorio.
Y sobre el Estado ampliado se habló en los tres foros que el CUPREDER programó los días 4, 5 y 6 de agosto en el salón de eventos de la Casa de Cultura de Calkiní para discutir, en foros abiertos a toda la población, tres problemáticas que definen, tanto como afectan, la vida cotidiana de los habitantes de los municipios de Calkiní y Dzitbalché: el agua, la caza y el turismo, en especial las artesanías que implican, como en el caso de Bécal, un sello de identidad y una fuente de trabajo esencial para muchos pobladores.
Para resumir los aspectos clave de estos espacios de discusión entre los especialistas de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y los actores políticos y sociales de ambos municipios no puede perderse de vista el contexto: los ordenamientos territoriales son el armazón legal necesario para preparar a las comunidades de la península del Yucatán ante los impactos -deseables e indeseables- del Tren Maya.
Infografía del Tren Maya, su recorrido y sus atractivos / Imagen: cortesía del Tren Maya
Este proyecto de transporte ferroviario turístico y comercial pagará en los próximos años la “deuda histórica” de México con la región del Sur-Sureste con un proyecto de desarrollo que “conectará las antiguas ciudades mayas con las modernas metrópolis” y detonará, sobre el papel, la economía local.
La pregunta clave, o el corazón de las discusiones que tuvieron lugar en días de canícula en un viejo caserón de Calkiní, es cómo frenar, evitar o revertir los efectos negativos de un tren que pretende una gran derrama turística en los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo.
Casa de Cultura de Calkiní / Imagen: Cortesía de Cultura Campeche (Pinterest)
En otras palabras, evitar la cancunización del territorio y convertir este detonante llamado Tren Maya en una oportunidad para la autodeterminación. Tal y como señalaba la presidente municipal electa Juanita Cortés Moo, “este ordenamiento territorial nos compete a todos, como hijos de esta gran tierra maya. De la mano de ustedes, y con esta sabiduría y esfuerzo, me queda claro que todo es posible”.
El agua, un bien precario
Este “encuentro de saberes”, que define la ruta metodológica del ordenamiento territorial ecológico, tuvo su primera ágora el jueves 4 de agosto del 2021 a las 16 horas en el centro histórico de Calkiní. Contó con la presencia de los alcaldes electos de Calkiní y Dzitbalché, Juanita Cortés Moo y Roberto Herrera Maas, así como de representantes de organismos federales y locales o miembros de los comités recién creados para la puesta en marcha de estos programas de uso de suelo.
Cabe destacar que en los tres días que duraron estas ágoras de reflexión, ciudadanos y autoridades no dejaron de asistir a cada uno de los foros.
Y todo inició con un recordatorio de las consecuencias de la cancunización extendida de Quintana Roo, por parte del director del CUPREDER. En 1990, el municipio de Tulum tenía 2000 habitantes. Para 2008 ya eran 24 mil y en 2020 llegaron a ser 46721. Un dato impactante: un promedio anual de crecimiento superior al 15.2 % y un aumento en número de habitantes del 2.350 % en poco más de treinta años.
Balneario El Remate, Calkiní,un ojo de agua convertido en lugar de esparcimiento / Imagen: Laura Domínguez (CUPREDER)
Salinización y contaminación de acuíferos en una espiral de descargas sin control son una de tantas consecuencias de la nula planificación y el Laissez faire de la Riviera Maya donde la única regla es la ausencia de reglas y la privatización de lo común, incluyendo sus playas y cenotes.
Y ese fue lo destacable de la presentación que los ingenieros Joel Gutiérrez y Vicente Nolasco hicieron sobre el estado hídrico de la región un retrato preciso, enfocado a la situación del acuífero península de Yucatán y la disponibilidad de líquido vital para todas las actividades del municipio, incluyendo maquilas y riego.
Vicente Nolasco y Joel Gutiérrez en el Foro del Agua de Calkiní, 4 de agosto del 2021 / Imagen: Italo Iván Nava Fernández
En la actualidad, un 80 % de la población tiene acceso a agua potable, suficiente para las necesidades de Calkiní, cuyo censo rebasa los 42 mil habitantes, pero, como sucede en todo México, no se puede beber y la mayoría compra agua de garrafón.
Muchos pozos particulares, pero con poco volumen de extracción, definen un panorama de poco estrés hídrico, donde una mayoría se surte mediante el manto subterráneo. Siempre que no se otorguen nuevas concesiones para fines masivos, el acuífero puede resistir.
Aun así, este inestable equilibrio tiene un límite. Como expuso Vicente Nolasco, “se pueden cubrir las demandas futuras hasta los 70 mil habitantes y se consumen unos 200 o 300 litros por persona y año, esto significa que subiría a la demanda total de agua, con lo cual habrá que perforar nuevos pozos”.
El efecto más temido de la sobreexplotación en este tipo de acuíferos se conoce como el principio, o fórmula, de Ghyben-Herzberg y presume que la interfaz, o cuña, entre agua salada de origen marino en su parte inferior y agua dulce en su cubierta superior puede erosionarse por el exceso de bombeo produciéndose una fatal mezcla que saliniza las aguas, un fenómeno ya visible en ciertas áreas de Quintana Roo.
Proyecto de estación del Tren Maya en Tulum / Imagen; cortesía del Tren Maya
En la conclusión de Joel Gutiérrez Arroyo, los errores del pasado no deben repetirse en el futuro:
“Cuando estaba en Conagua, participé el año de 1992 en el proyecto del corredor Tulum-Playa del Carmen. Recorrimos la selva virgen, sin impacto apenas, como cuando llegaron los españoles a tierras inexploradas. Estuvimos 3 meses haciendo sondeos exploratorios para definir políticas que luego no se respetaron. Y hoy veo el horror.
Esperemos que Calkiní y su región puedan controlarse y se sigan las recomendaciones que instrumentos como el ordenamiento van a ofrecer y esperemos también que las autoridades tengan la sensibilidad y la visión para sentirse orgullosos en los próximos años”.
Tras la exposición, se generó un intenso debate centrado en varios problemas locales, desde la inexistencia de una red de drenaje colectivo, la posible contaminación de acuíferos por descargas de industrias y personas, la escasa separación entre aguas negras y grises, la viabilidad de plantas de tratamiento con ecotecnias, así como la abundancia de albercas en casas nuevas del municipio.
Organizarse en el comité del ordenamiento integral ecológico para decidir qué industrias o servicios se van a establecer en Calkiní o Dzitbalché es un primer, y esencial, paso para que la disputa por el agua sea ganada por los ciudadanos y no por las corporaciones.
En Campeche, como en todas partes.
¿Ritualidad o exceso? La caza en disputa
Ningún tema es de fácil discusión cuando se entremezclan rituales de identidad con ejercicios de expolio y referirse a la caza en la región de Calkiní es asunto delicado. Se practica, y mucho, entre una mayoría social e incluye sutiles variantes.
Caza deportiva o de subsistencia, comercial e incluso ritual del jabalí de collar, el armadillo, el pavo de monte o pavo ocelado y la chachalaca, que pueden dividirse en cuatro modalidades:
- Lampareo (con ayuda de lámparas): práctica nocturna en pastizales, y en temporada lluvias.
- Ximbal ts’on (paseo por el monte): práctica diurna, en época de celo del venado, octubre-enero, que sucede en sabanas, áreas inundables o akalché.
- P’uh (batida o alboroto): práctica colectiva de 10 a 15 personas, con silbidos, escopetas y perros, que sucede en cualquier época del año.
- Ch’uuk (acecho furtivo). Práctica nocturna en época seca, huellas, que sucede en haltunes o sartenejas)
- T’ul ok (seguir el rastro): práctica que sucede después de alguna lluvia en zonas fangosas.
En la exposición que Laura Domínguez, bióloga del CUPREDER, hizo la tarde del jueves 5 de agosto del 2021 quedó de manifiesto que este es un fenómeno extendido entre muchos habitantes, donde el venado de cola blanca representa un vínculo con la tierra y con las prácticas culturales.
Sucede también con la quema de pastos que sirve para eliminar forraje en la técnica conocida como roza-tumba-quema, práctica de manejo forestal que consiste en cortar e incendiar trechos de vegetación para ganadería o agricultura y luego dejarlas en barbecho por periodos de dos años.
Laura Domínguez Canseco, bióloga del CUPREDER, en el foro sobre caza del 5 de agosto del 2021 / Imagen: Italo Iván Nava Fernández
Un manejo forestal de amplia tradición en Mesoamérica que, expandida e intensificada, suele salirse de control y se usa, también, con fines ilícitos para espantar y cazar animales. Un punto que resaltó Alberto Julián Escamilla Nava, subgerente de operaciones de la Gerencia Estatal de la CONAFOR,
“la principal actividad que desata los incendios es la cacería .Los incendios son en la zona de El Remate y zona de sabanas, el fuego se utiliza para ampliar zonas de cacería y hay que vigilar el área de colindancia con la reserva de Los Petenes”.
El jaguar, en peligro de extinción por caza furtiva y pérdida de hábitat natural / Imagen; cortesía de Regeneración
Costumbres y excesos que se agravan por el despojo de bienes naturales que ejecutan las comunidades menonitas con hornos clandestinos para la producción y comercialización de carbón vegetal que, como en el caso de Dzibalchen, afectan a árboles de gran valor y contribuyen a la rápida destrucción del manto vegetal.
La misma impresión surge de vecinos y ejidatarios que participaron el segundo foro sobre caza e incendios, y uno de ellos planteó:
Cacería de venados, una práctica habitual en la península de Yucatán y en otras partes de México / Imagen; cortesía de Cacería en Campeche (Facebook)
“Los ejidatarios o los campesinos son personas que no han ido a la escuela, y hay problemas, incendios, y la gente que está en el gobierno hace ver que trabaja porque hace ver que paga. Mucha gente ha provocado incendios y no se hace nada para evitarlo. ¿Dónde están las personas expertas?
Tiene que haber campesinos que se conviertan en expertos porque ellos trabajan la tierra para que tengamos maíz. El maíz amarillo se lo están robando empresas extranjeras. Todo por necesidad y crisis económica, aquí en Calkiní. Que los alumnos aprendan a manejar la técnica de la tierra para que tengamos qué comer más adelante, pues aquí puro albañil”.
Y pidió la palabra la ciudadana Hermelinda, ejidataria de esa misma demarcación agraria, para “hablar del famoso ckuk (o batida)”. Esa fue su explicación teñida de crítica:
“Hay temporadas que hay venado y otros animales y entonces los campesinos van para consumo porque es difícil encontrar carne de puerco o de res. Pero cuando los animales presienten el olor del cazador, chiflan y ahuyentan a todos los demás.
El detalle es que no se tiene consciencia del tiempo de reproducción y se matan hembras y cachorros porque los cazadores van a matar lo que encuentran. Sobre los incendios, muchas de las veces son de campesinos que tienen cierta medida de cómo manejar el fuego tradicional, pero con mucha facilidad no se puede controlar”.
Por ello, consideró Javier Serrano, participante del foro y vecino de Calkiní, que “hace falta crear un comité para tener un objetivo frente a una situación donde las especies y las selvas han ido mermando y eso nos preocupa”.
Y en eso se dibujó una concepto: “No pretendemos prohibir”, recordó Laura Domínguez, “sino asimilar lo que ustedes hacen y piensan para evaluar juntos las repercusiones de la caza para la biodiversidad”.
Aurelio Fernández, director del CUPREDER, durante los foros celebrados en Calkiní / Imagen; Italo Iván Nava Fernández
Porque, remató en su cierre Aurelio Fernández, este es el verdadero objetivo del ordenamiento ecológico integral:
“El comité es el Estado ampliado. El gobierno cambia, el Estado es el aparato. Y el comité es un órgano de Estado que debe acompañarse con el gobierno. Con nuestro modesto respaldo, estaremos aquí tres años. Siempre que ustedes quieran, porque todos somos compañeros en este planeta llamado Tierra. Los temas de la cacería, de la basura o del agua pueden resolverse con un comité que estructure la realidad social. Porque se pueden discutir y buscar soluciones.
En Cuetzalan, tras doce años de ordenamiento, ¿saben cuántas barbaridades se han parado? Esto es una democracia cotidiana. Dense chance, dense oportunidad ciudadanos y autoridades para que estos dos municipios sean ejemplo en Campeche de cómo funciona la organización ciudadana. Trabajemos juntos. Ahora sí: invítenos y estaremos con ustedes.”
Cuetzalan en el espejo: un forma distinta de turismo
Y fue el nombre de una población de lluvia y niebla, escondida en las montañas de la Sierra Norte de Puebla, la que más se invocó en el tercer foro sobre turismo y artesanías que el viernes 6 de agosto tuvo lugar en la Casa de Cultura de Calkiní. Se reunió un panel excepcional ante una audiencia de funcionarios, ejidatarios o avecindados del municipio que vieron y discutieron el turismo sostenible que convirtió a Cuetzalan del Progreso en hacedora de su propio desarrollo.
Doña Rufi, escoltada por el presidente municipal electo de, Roberto Herrera Maas, Dzitbalché , y la presidente municipal electa de Calkiní, Juanita Cortés Moo.
Para contar sus experiencia en el lejano estado de Puebla estuvieron tres invitados que representaban el espíritu y la plasmación del Ordenamiento Ecológico Territorial de este municipio serrano: Luís Enrique y Elsa Fernández, propietarios del “ecoalojamiento y experiencias bioculturales” Reserva Azul, y Rufina Villa Hernández, defensora de mujeres e impulsora de derechos humanos y sociales cuya organización -“Masehual Siuamej Mosenyolchikauanij” (mujeres indígenas que se apoyan)- fundó el año de 1997 el Hotel Taselotzin, “el único Hotel ecológico administrado por mujeres indígenas nahuas”.
Un chilango avecindado, una cuetzalteca de catalanes ancestros y una mujer maseual que desafió el encierro de la mujeres en el patriarcado indígena. Junto a Rosana Robredo, de Wotoch Aayin (o La casa del cocodrilo), conjunción de cría de cocodrilos ecoturismo y restaurante sita en Isla Arena, comunidad de pescadores del municipio de Calkiní, y Antonio de Jesús Herrera, promotor cultural de Bécal, cuna de los sombreros jipijapa.
Este panel se congregó el viernes 6 de agosto en el más largo y fértil intercambio de saberes entre personas que han entregado todo para probar un modelo turístico que tenga dos características combinadas: un respeto absoluto por el medio ambiente y las comunidades que habitan el territorio y un control directo de la gestión, los recursos y las utilidades en provecho de los mismos habitantes, convertidos en dueños de su destino y no en piezas desechables y mal pagadas de un engranaje corporativo extraño y, a menudo, extranjero.
Artesana de Bécal teje un sombrero de jipijapa en un cueva / Imagen: cortesía de Ajolote Travel & Cultural Excursions
En el análisis inicial, que compartió frente a todos el economista del CUPREDER Samuel Contreras, se destacó la diversidad y riqueza del trabajo artesanal en toda la región norte de Campeche.
Desde hamacas a sombreros, pasando por redes de pesca, bordados o talla de muebles, más de 500 talleres censados dan trabajo a familias completas que, muchas veces, complementan sus escasos ingresos con otras chambas temporales en la construcción o la industria hotelera.
Así pues, para que el turismo, selectivo, de senderos o incluso de observación de aves, convierta Calkiní y las comunidades vecinas en lugar de peregrinaje una vez entre en funcionamiento el Tren Maya se requiere pensar en contra de la norma. En vez de buscar cualquier turismo a cualquier precio, con condiciones impuestas desde fuera, la comunidad pone sus reglas y marca su raya.
Hotel Taselotzin, un logro de las mujeres de Cuetzalan / Imagen; cortesía del gobierno de Cuetzalan
La historia de Doña Rufi, contada con pasión y con detalle por ella misma, fue un eslabón de dignidad que resonó entre los presentes porque su historia de vida es rebelión contra un conjunto de normas, prejuicios y fardos que convertían la vida de las mujeres nahuas en destino sin esperanza.
Su rebelión contra un marido que no quería ni su independencia ni su libertad, contra una sociedad que menospreciaba la capacidad de acción de las mujeres indígenas y contra una comunidad que no creía en los beneficios de tomar el control tardó tiempo en prosperar, pero el Hotel Taselotzin es, hoy en día, un referente mundial.
Como bien señalaba Doña Rufi, antes “a las mujeres se les preparaba para bordar, coser y hacer el telar de cintura y hasta las prendas para el marido. Cuando sabía hacer tortillas, estaba ya preparada para casarse. No había tiempo para la escuela. Había maltrato y la autoridad hasta las regañaba cuando el marido las pegaba.
Hoy, en cambio, las mujeres de Cuetzalan ni se limitan ni se callan. “Cada una tiene sus propias capacidades, así que atrevámonos a soñar. Gracias a Dios nos ha ido bien. Yo solo tengo estudios de primaria y no le tengo miedo a administrar el dinero. Veámonos todos como hermanas y hermanos y confiemos que lo podemos hacer”.
Esta fue la conclusión en viernes de canícula. Pero la historia de Rufina Edith Villa Hernández prevalece en lo concreto y real: el Tazelotzin es un hotel funcional que sobrevivió al largo cierre del COVID-19 pagando todos los suelos a todos los empleados sin olvidar el origen ni el destino del modelo Cuetzalan.
Razón por la cual ella participa en el Órgano Ejecutivo del Comité de Ordenamiento Territorial Integral de Cuetzalan (COTIC) con la misma entrega y pasión de otros integrantes, como el matrimonio Fernández que convirtió una vieja finca cafetalera perdida en las montañas de Puebla en un experiencia de compromiso biocultural.
Reserva Azul, como Tazelotzin, es ejemplo de algo que Luís Enrique Fernández Lomelín considera imprescindible ante el azote del turismo de masas:
Luís Enrique Fernández (centro), copropietario de Reserva Azul e integrante del COTIC / Imagen: Italo Iván Nava Fernández
“Abrir las puertas a demasiada gente no siempre va a solucionar nuestras vidas. Cuidado, pues, con entregar demasiado nuestras riquezas naturales. No siempre es bueno hacer caminos a todas partes, mejor llevarlos, controlar el acceso y que paguen porque el turismo es en sí mismo devastador. Guarden, en verdad, cosas para ustedes”.
Lejos aún de morir de éxito, las áreas naturales y los entornos paisajísticos de Calkiní y Dzitbalché no se han reapropiado de un flujo turístico apenas incipiente que se concreta en dos áreas con distinta suerte:
La Casa del Cocodrilo (Wotoch Aaym en maya) es una Unidad de Manejo Ambiental que, tras extenuantes años de papeleo, consiguió iniciar el primer proyecto de recuperación de cocodrilos Moreleti en Isla Arena, pequeño pueblo pesquero de la Reserva de la Biósfera Los Petenes.
Visitantes de Isla Arena en un paseo en canoa, 25 de noviembre del 2020 / Imagen; cortesía de Wotoch Aayin, Isla Arena Campeche
En palabras de Rosana Robredo, integrante de la Sociedad Cooperativa Coo’ox Mayab y de la Alianza Peninsular para el Turismo Comunitario, la historia puede resumirse así:
La actual cooperativa, centro ecoturístico, recreativo y de conservación surgió en el año 2000 como un proyecto de conservación y reproducción del cocodrilo de pantano que no inició operaciones hasta el 2008. Al final del pueblo de Isla Arena había varios humedales, muy cerca del mangle. Y el tío de Rosana empezó a platicarle la importancia de esta rama de arcosaurios y le dijo que era un lugar ideal para la cría de cocodrilo.
Para el año de 2013, y ya con cerca de 100 ejemplares, se autorizó el “aprovechamiento sustentable” de Wotoch Aaym,
Exposición de Rosana Robredo, integrante de la Sociedad Cooperativa Coo’ox Mayab / Imagen: Italo Iván Nava Fernández
“pero empezó a venir gente y vimos que podía ser una forma de sufragar los costos de operación, así que la comida y el hospedaje se convirtieron en algo natural. Y llegamos a 1000 ejemplares. Sendero y palapa se crearon para ver la marea alta. Aprender de los cocodrilos, recorridos guiados, senderismo, manglares, aves, paseos en lancha o cayacs, delfines y el restaurante Los Cocodrilos, donde se come producto directo del pescador. Junto a la tienda de artesanías y souvenirs, y varias habitaciones, llevamos 13 años operando”.
Pese al elevado costo de la pandemia, y siete meses cerrados a cal y a canto, la casa del cocodrilo sobrevivió para seguir siendo ese referente para el futuro.
Aunque los claroscuros definen la propia trayectoria de este lugar.
“Los funcionarios que hoy nos visitan nos decían que antes no le daban seguimiento porque creían que los de los cocodrilos era algo muy loco que nunca se concretaría. Y hay otros problemas en la comunidad, como la deficiencias de servicios públicos. No hay vigilancia de la pesca, se da una explotación excesiva, una intrusión de flotas externas y una pérdida de biodiversidad que afecta a los pescadores y al propio centro ecoturístico.
Con el Tren Maya llegarán muchos proyectos, pero no queremos ser X’caret y hay ejemplos a seguir, pero las autoridades deben ayudar a reforzar las capacidades del turismo comunitario y convertirlo en verdadera alternativa para la península”
En el otro lado del espejo, el poblado de Bécal. Esta comunidad de referencia en todo México -por la elaboración de los conocidos sombreros de jipijapa- sufre las complicaciones derivadas de la frágil situación de los artesanos, rehenes de una cadena de producción donde materia prima, maquinaria y redes de distribución no están en sus manos y el trabajo de tejer y tintar se vuelve, a menudo, incosteable.
Antonio de Jesús Herrera, en el foro del viernes 6 de agosto / Imagen: Italo Iván Nava Fernández
Un fenómeno agravado por los “cazagringos”, un término que definía el encargado de promoción artesana de Bécal, Antonio de Jesús Herrera:
“Hombres jóvenes, autodenominados prestadores de servicios que van en motos y bicis y abordan los vehículos de los turistas de forma súbita y desordenada ya que por ganarse a los clientes los ahuyentan mientras compiten entre ellos y caen en el hostigamiento turístico.
Cuando los turistas comparten malas experiencias, eso repercute directamente en nuestra economía pues ya no se acercan a nuestra población. Como consecuencia, baja mucho la venta y afecta al sustento de mucha gente y los comerciantes reducen la venta directa a los artesanos.”
El futuro depende de nosotros: el porqué de foros y talleres
En los tres foros muchas fueron las preguntas, bastantes más las dudas, y recurrentes los reclamos a una autoridad, casi siempre vertical y distante, que aparece en la vida de los campechanos como dispensador de dádivas, insuficientes e inequitativas, pero de la cual cuesta esperar colaboración o acompañamiento.
Y es justo esta posibilidad -la acción colectiva de unos pobladores que toman el control de su futuro a través de un comité de ordenamiento territorial integral- lo que se define tras el análisis y los diagnósticos de todos los participantes en estas jornadas de debate que tuvieron lugar en Calkiní.
Vecino de Calkiní discute sobre las batidas en Calkiní / Imagen; Italo Iván Nava Fernández
Eso, y no otra cosa, es el modelo Cuetzalan, el primer municipio de México que desarrolló, desde abajo y para todos, un tipo de planeación que convirtió el turismo en catalizador del desarrollo local, tan sostenible en lo ecológico como en lo social, pues fueron los habitantes -maseual en gran parte- los que se beneficiaron, sin subordinación ni intermediación, de miles de viajeros distintos con nuevas reglas de respeto al medio ambiente y la comunidad, incluyendo una lucha permanente contra proyectos de depredación minera o grandes superficies, como el Walmart que nunca llegó a instalarse en esta cabecera municipal.
El paradero del Tren Maya llegará un día a unas cuantas decenas de kilómetros de Calkiní, pero para entonces el ordenamiento participativo permitirá que complejos hoteleros, megacentrales solares, emporios agroindustriales u otros proyectos depredadores no arruinen la vida y el entorno de los calkinenses.
Esta es la idea. Y la meta. Tan necesaria como urgente.
























